He leído que los dentífricos blanqueadores, utilizados durante mucho tiempo, pueden dañar el esmalte dental. ¿Es cierto?

Al igual que la piel, cada persona tiene una tonalidad dental distinta, que puede variar entre blanca, gris, amarilla o incluso negruzca. El origen de esta coloración se encuentra en la propia genética, pero la tonalidad de la dentadura también puede verse alterada muy frecuentemente por el antecedente de la toma de antibióticos como la tetraciclina en el embarazo (ampliamente utilizado en la década de 1960 en España) o por consumir café, té, vino tinto o tabaco de manera reiterada, que son causantes de la progresiva aceleración del proceso natural de oscurecimiento de los dientes.

Los dentífricos blanqueadores han ido proliferando en los últimos años en el mercado. Estas pastas llevan diferentes compuestos (xilitol, sílice, bicarbonato...), los cuales tienen un cierto componente abrasivo o irritante para el esmalte dental.

En cualquier caso, estos dentífricos solo son eficaces contra las manchas adheridas a la superficie del esmalte y a la parte más superficial de la dentina. Contra los demás tipos de suciedad, la que afecta a las capas internas de la dentina y de la pulpa, estas pastas no tienen ninguna eficacia, por lo que se debe recurrir a otro tipo de tratamientos solo aplicables por especialistas.

Los dentífricos blanqueadores aclaran los dientes porque eliminan, más eficazmente que los dentífricos clásicos, los depósitos y las manchas que se encuentran en la superficie de los dientes, gracias a agentes abrasivos como el carbonato de calcio, el fosfato dicálcico, el óxido de aluminio o la sílice hidratada.   Es conveniente que realices tu visita anual al odontólogo para que revise el estado de tus dientes y realice una limpieza dental que retire el sarro y las impurezas que se depositan en los dientes. El profesional valorará la continuidad del uso de este tipo de dentífricos y podrá ofrecerte, sin duda, una opción para un blanqueado más eficaz.