Una mirada que interroga sin preguntar

Manuel Rodríguez Rivero

Muchacho, Gondeville, Charente, Francia, 1951 Muchacho, Gondeville, Charente, Francia, 1951

Paul Strand
Muchacho, Gondeville, Charente, Francia, 1951
Colecciones Fundación MAPFRE
©
Aperture Foundation Inc., Paul Strand Archive

¿Quién es este joven? ¿A qué o a quién se dirige su mirada, intensa, penetrante y tan testarudamente fija que se diría a un paso del estrabismo? ¿Por qué nos cuesta tanto desviar los ojos de los de ese muchacho de piel broncínea, de esa cabeza cincelada por luces y sombras que le confieren la cualidad tridimensional de una escultura?

Este retrato, que resulta extemporáneo en una época que rinde histérico culto a la equívoca inmediatez de Instagram, requiere, sobre todo, tiempo, profundo análisis del sujeto, historia: todo lo contrario del efímero y cansino «documentalismo» hoy tan presente en las redes sociales. En él nada hay casual, nada improvisado: la gastada camiseta de perlé, el peto de dril proletario y mal abrochado, el cabello leonado cuyas ondas contrastan con la verticalidad abstracta de las vetas y con los pernos oxidados de la valla usada a modo de fondo de estudio, son fruto tanto de la profunda comprensión del sujeto como de la sabiduría de la paciencia.

Paul Strand ha logrado resumir en la fotografía de ese joven de mirada hipnótica –probablemente un peón de la comarca vinícola de Gondeville–, todas las fases de su dilatadísima trayectoria profesional. En esta placa no es difícil encontrar huellas del pictorialismo sociológico aprendido de Edward Weston, tan preocupado por fotografiar a los emigrantes; del geometrismo abstracto de su Wall Street (1915); del comprometido realismo de su etapa de entusiasmo comunista, cuando conoció en la URSS a Eisenstein y se sintió atraído por la cultura socialista; del humanismo neorrealista, cuya cinematografía tanto le influyó en su etapa europea de posguerra (Rosellini, Zavattini, De Sica), tras abandonar su país huyendo de la inquisición macartista, y a la que pertenecen, por ejemplo, este Muchacho de 1951 y el retrato de grupo de La familia (The Lusetis), de 1953.

Constituye un excelente ejercicio de saber mirar analizar los elementos del retrato que se combinan para revelar la humanidad del sujeto, entendida aquí en el marco de un concepto de la fotografía como herramienta de reforma social. La iluminación desde arriba de la poderosa frente y de la nariz romana, la sutil suciedad de la piel, el aire decidido del mentón, poco propenso al titubeo. Pero, definitivamente, lo que más se graba en la retina del espectador es esa mirada demasiado intensa que interroga sin preguntar, que cuestiona y calla, que a su vez nos retrata y nos pone en nuestro sitio.

Manuel Rodríguez Rivero es escritor y periodista.