Una obra "real" de Miró

Antonio Gamoneda

Personnage et oiseaux [Personaje y pájaros], 1969 Personnage et oiseaux [Personaje y pájaros], 1969

Joan Miró
Personnage et oiseaux [Personaje y pájaros], 1969
© Successió Miró 2016

No se trata, obviamente, de que otras obras de Miró sean irreales; todas son ciertas. «Real» es aquí otro valor. No digo mayor ni menor; sí digo esencial y diferenciado. Miro esta pintura y la percibo. No la comprendo o su comprensión se me hace innecesaria: experimento placer y, simultáneamente, tengo la visión de una violencia. No la he aprehendido idealmente: la he sentido, vivido.

La comprensión y sus filtros intelectuales podrían no ser la mejor vía receptiva del «mensaje» de esta imagen. Este mensaje es básicamente sensible; no es un «texto» que transporta un concepto para ser leído/comprendido; es una realidad: colores incorporados a trazos convulsos que están ahí, que son un hecho. Como un desconocido que pasa y nos tropieza bruscamente. No sabemos nada de él pero le hemos sentido. No es poco: nos ha derribado y hecho daño, y esto supone una breve –y dolorida– «convivencia». Este miró también «pasa» y nos conmueve (nos mueve con su violencia). Es un hecho, sucede.

Todas las obras de Miró, aunque sea en otro grado y otra dirección, cuentan con una realidad, pero en ésta importa especialmente que sea una realidad que puedo experimentar y convivir. Importa también cuál y cómo es esa convivencia.

Se opina que las creaciones de Miró suponen una fiesta visual, una afirmación de alegría. Me parece una interpretación correcta, pero me apresuro a preguntar: ¿sucede así en esta pieza?

No, no sucede. Los colores son los mismos que en los miró «alegres», pero aquí se han realizado violentos y violentados, abatidos en una catástrofe. Se trata de alegría destrozada; es la actividad –y el testimonio– de algo que comporta una derrota. Una derrota existencial, semejante en su grado menor a la que conmueve a miles de seres humanos potencialmente alegres, abatidos por una pandemia, como podrían serlo por cualquiera otra «injusticia» natural o histórica.

Sería excesivo deducir que considero a Miró y a sus obras prototipos de un vitalismo feliz, con sólo esta excepción. El pintor vivió derrotas y algunas de sus piezas las relatan. Pero en ésta no es el relato el que funciona, como lo hace, por ejemplo, en el Guernica). Es la propia realidad física del cuadro, su intrínseca gestualidad dramática, la que se hace sentir. No es lo mismo. Quizá es importante tener en cuenta esta diferencia para valorar la pintura. Y para convivir.

Antonio Gamoneda. Poeta. Premio Cervantes, Prix Européen de Littérature, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, Premio Quijote de las Letras Españolas, entre otros. Acaba de publicar el segundo tomo de sus memorias: La pobreza.