Uso correcto de los pedales en un coche

Uso correcto de los pedales en un coche Uso correcto de los pedales en un coche

Parece algo trivial ya que si no sabemos usar los tres pedales (dos en el caso de los automáticos) de un coche, difícilmente llegaremos a ningún sitio. Pero como se suele decir, hay usos y “usos” de ahí que hoy os contemos cuál es el uso correcto de los pedales en un coche así como funciona el acelerador, freno y embrague del coche.

De su buen uso se derivan inmediatamente dos beneficios: el primero en cuanto a la seguridad activa ya que tendremos menos posibilidades de sufrir un accidente; y el segundo para nuestro bolsillo ya que el coche sufrirá menos y por lo tanto tendremos menos averías mecánicas.

Uso correcto del acelerador en el coche

Vamos a detenernos en primer lugar en el acelerador, quizás el que menos dificultad entraña en si mismo ya que su función es, explicándolo de forma sencilla, hacer que el motor envíe más o menos potencia a las ruedas y con ello que nos desplacemos por la carretera.

De esto se deriva que cuánto más suaves seamos con el acelerador, menos consumirá el coche. Si no abusamos de él, no tendremos que usar tanto los otros dos (no necesitaremos frenar tanto ni cambiar tan a menudo de marcha).

Eso sí, en determinadas situaciones haremos uso de él por completo, sobre todo en determinadas maniobras que tenemos que realizar con la mayor prontitud como las incorporaciones o los adelantamientos.

Uso correcto del freno en el coche

El freno es el pedal que está situado en el centro. Nos permite detenernos, adecuar nuestra velocidad al trazado de la vía o a las condiciones, evitar aproximarnos en exceso al vehículo que llevamos delante, etc. Es nuestro principal baluarte en la seguridad activa ya que evitará que tengamos cualquier tipo de accidente. También mantendrá el coche en su lugar en una detención determinada por el tráfico como un semáforo, por ejemplo.

Como el acelerador, debemos usarlo en su justa medida y sin abusar de él en exceso. Tocarlo levemente antes de una curva, sin que el vehículo llegue a experimentar ningún tipo de deceleración no es un buen hábito. Es mejor en ese lugar haber dejado de acelerar unos cuántos metros antes, porque ahorraremos carburante y llegaremos a la curva a la misma velocidad.

Intentaremos ser suaves en función de la potencia de frenado que necesitemos. Al final, cuando casi estemos parados, liberaremos presión para evitar realizar una parada brusca que incomode a los pasajeros. De esta forma, los amortiguadores delanteros recobrarán su longitud (al frenar se comprimen) antes de que las ruedas estén completamente paradas y la energía liberada no llegará de una forma tan notable al habitáculo.

Uso correcto del embrague en el coche

El embrague es quizás el pedal más difícil de utilizar de los tres. Sirve para acoplar o desacoplar el motor de la transmisión a nuestro antojo pero además, es el que requiere un mejor trato ya que su mal uso acelera el desgaste del embrague propiamente dicho, una pieza que no es precisamente barata.

Por ello sólo debemos usarlo cuando sea necesario y erradicar la costumbre de circular con el pie encima de él. El mejor sitio para nuestro pie izquierdo es el apoyo que tienen los coches a su lado y que nos permitirá llevar la pierna descansada.

El pedal de embrague lo usaremos para cambiar de marcha, pisando este hasta el fondo para luego soltarlo de forma progresiva. Debemos ser capaces de sentir dónde los discos de embrague hacen contacto y con ello nuestro coche empezaría a caminar ya que nos ayudará a cambiar de una forma mucho más suave, sin acelerones en vacío.

Acelerar demasiado el coche con el pedal de embrague a medio recorrido es una tortura para la mecánica. Cuánto menos necesitemos acelerar, mejor. Y si no necesitamos ni tan siquiera tocar el acelerador (como para maniobras de estacionamientos), el desgaste será mínimo. Total, no necesitamos hacerla a gran velocidad.

De igual forma en cuestas, el miedo a que el coche se nos vaya hacia atrás hace que a veces forcemos demasiado el embrague. Al contrario, seamos suaves. Podemos probar a hacer lo siguiente en alguna zona en la que no haya tráfico, para poder ensayarlo de forma relajada. Incluso puede ser en llano ya que lo que vamos a buscar es sentir el acople del embrague y la tendencia en ese momento del vehículo a circular.

Primero, con el freno pisado, accionaremos el embrague e insertaremos primera velocidad. A continuación, soltaremos levemente el embrague hasta que notemos un pequeño tirón en el coche. En ese momento, si seguimos soltando las revoluciones caerán por debajo del ralentí y el coche se calará.

Pues bien, en ese instante que comentamos que el coche sufre un pequeño tirón, si soltamos el freno el vehículo comenzará a caminar si estamos en llano. Por el contrario, si estamos en una pendiente se nos mantendrá en el sitio como por arte de magia. Ya sólo nos queda acelerar un poco a la vez que soltamos un poco más el embrague y ya estaremos en movimiento.

Si no acabamos de pillarle el truco, podemos usar el freno de mano o estacionamiento. Lo echaremos, meteremos primera y jugaremos con el freno y el embrague hasta que el coche empiece a agacharse de detrás. En ese instante quitaremos el freno de mano y avanzaremos. Como vemos, la maniobra es igual que la anterior pero usando el freno de estacionamiento en vez del tradicional de pedal.