Asociación Pato Amarillo

Un lugar en el que reside toda la dignidad de un país

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La Asociación Pato Amarillo se encuentra en el corazón del barrio de Orcasitas, en Madrid. Un local, situado en la calle Salado sin número, que está siempre bajo la amenaza del desalojo, llegan cada día decenas de personas en busca de alimento y ropa. Todo empezó hace muchos años, durante los ochenta y parte de los noventa. “Nos juntamos un grupo de madres contra la droga”, cuenta Pilar Aural, el alma de esta asociación y una de las superheroínas de este proyecto. Las madres se reunían bajo un techo y encendían una estufa de gas para que sus hijos o los amigos de sus hijos, destrozados por la droga, al menos vinieran a calentarse después de estar vendiendo kleenex en las paradas de los autobuses y los semáforos.

Hoy, la asociación Pato Amarillo ayuda a más de 35 familias que vienen cada día, de lunes a viernes, a recibir un carrito con comida que incluye pastas, legumbres, a veces verduras, y sobre todo productos para niños.

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En el local de la asociación Pato Amarillo se almacenan los víveres donados por el Banco de Alimentos, supermercados y por voluntarios anónimos, a los que Yolanda, la ayudante incondicional de Pilar, llama “corazones solidarios”. A pesar de que atienden a unas 2.000 personas al mes, de las cuales más de 900 son menores de edad, no siempre consiguen todos los productos frescos que les gustaría.

Pilar supervisa o charla con los que llegan. A casi todos los conoce por sus nombres. Porque en la asociación Pato Amarillo a pesar de que no hay calefacción, se acoge a todo el que llega con calor, con una sonrisa.

Yolanda Corral, la mano derecha de Pilar desde hace más de 10 años. Es otra superheroína de este proyecto. “Acudí a ella por un problema familiar. Pilar ayudó a una hija mía y a mí. Me preguntó si quería pasarme a echar una mano envolviendo regalos. Le dije que lo haría unos días. Y llevo aquí 11 años”.

Y también están los voluntarios, que echan un mano allí dentro. Son unos 17 en total y muchos son jubilados. Descargan camiones, ordenan los víveres en los palés. Sin ellos esto no sería posible. Entre ellos se encuentra Toñi, de 39 años, que acudió a la asociación Pato Amarillo cuando pasó dificultades, cuando ella, dependienta, y su marido, albañil, se quedaron sin trabajo. Durante dos años, recibieron la ayuda de la asociación Pato Amarillo. Después, cuando pudieron recuperarse, Toñi se convirtió en una voluntaria entregada que acude todos los días desde hace tres años a ayudar a otros que están pasando las mismas dificultades que ella pasó.

Y es que este proyecto depende de la buena voluntad de entidades y personas. Por eso, desde nuestro programa Sé Solidario además de ofrecerles apoyo económico, les hemos aportado carritos de comida para los beneficiarios o un fondo para la compra de 600 playeras nuevas para los chavales.

Como dice Pilar, “ahora, en la época en la que estamos, que muchos jóvenes no tengan derecho a tener su casa y su trabajo, o un plato de comida que llevarse a la boca, es increíble”. Por eso, todo es bien recibido en esta asociación. Y todos. Incluso la gente que sólo viene a contar sus problemas. En la asociación Pato Amarillo, sea la situación que sea, la única respuesta es la ayuda al otro.