“Hijo, camina por donde yo te vea”

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Si educar a un hijo es complicado, ayudar en la educación de un nieto tampoco es tarea sencilla. Se trata de un proceso complejo que, no obstante, nos puede dar muchas satisfacciones, también en el campo de la seguridad vial. ¿Qué puede ser mejor que saber que tu nieto se comporta de forma segura en la calle porque tú te has encargado de que descubra los beneficios de una movilidad segura?

Para que ese aprendizaje sea lo más satisfactorio posible, es preciso que sea el mismo niño el que se vaya formando un espíritu crítico hacia la movilidad segura y hacia su propia seguridad como peatón, primero, y como conductor, más adelante. A fin de conseguir que este aprendizaje por etapas evolucione de forma satisfactoria, es necesario guiar al niño en su descubrimiento de la seguridad vial.

En primer lugar, el niño aprenderá de nosotros por la vía del ejemplo. Tanto da lo que le digamos con las palabras si con nuestros gestos le lanzamos un mensaje contradictorio. Los niños hacen lo que ven que hacemos, porque sus mayores somos sus modelos.

Más adelante, serán las palabras las que den soporte lógico a las ideas que hayan ido interiorizando cuando nos veían actuar. Así, el discurso será coherente y estará alineado con una idea básica: motivar al niño para que circule con seguridad. 

Cuando hablamos de motivación, hablamos de eso que hace que tengamos ganas e ilusión por hacer algo, por movernos a actuar. De ahí, su nombre: motivación. Ahora bien, esa motivación puede ser externa o interna. La primera consiste en decirle a alguien lo bien que hace las cosas, para que las siga haciendo así, mientras que la segunda consiste en que ese alguien cree que lo que hace lo hace bien, y en consecuencia se anima a sí mismo a continuar por el buen camino.

Bien, pues nuestro papel como educadores es el de conseguir que el niño pase de recibir nuestra motivación externa a generar su propia motivación interna. Es decir, que sea el mismo niño el que cuente con herramientas y criterios que le ayuden a creer en su propia seguridad. 

Para conseguirlo, no hay nada mejor que estimular al niño a que asuma su papel como peatón de forma paulatina. Cuando se le han explicado y razonado las reglas del juego que es circular por la calle, se le puede dejar que sea él quien camine delante de nosotros, siempre vigilando que no se nos adelante demasiado. De esta manera lo tendremos siempre a la vista y a mano, por si comete algún error. De esta manera, también, el niño se irá formando con la seguridad de saber que está haciendo lo correcto por adquirir hábitos de seguridad.