Infarto de Miocardio y Conducción

La enfermedad coronaria sigue siendo la principal causa de muerte en nuestro país

La enfermedad coronaria sigue siendo la principal causa de muerte en nuestro país. Los nuevos tratamientos farmacológicos disponibles, así como el desarrollo de las técnicas terapéuticas (angioplastia, cirugía etc.), consiguen resolver en la mayoría de los casos, la obstrucción aguda de la arteria coronaria responsable del infarto, permitiendo que en poco más de una semana el paciente pueda regresar de nuevo a casa. Sin embargo, la aterosclerosis coronaria es una enfermedad crónica, y la probabilidad de sufrir un nuevo infarto de miocardio es de 4 a 7 veces mayor, en sujetos que han tenido un episodio previo (casi la mitad del total de infartos ocurren en pacientes con enfermedad coronaria previa). Además, un 20% de los pacientes con angina tendrán un nuevo ingreso antes de los seis meses. En el hospital se resuelve la obstrucción aguda de la arteria, pero queda una tarea importante por hacer, evitar que se produzca un nuevo infarto.

La falta de actividad física favorece el desarrollo de la mayoría de los Factores de Riesgo Cardiovascular que causan la Arteriosclerosis (obesidad, diabetes, hipertensión arterial), existiendo una relación directa entre la cantidad total de ejercicio realizado y la reducción de mortalidad, tanto de la mortalidad total como de la mortalidad por causas cardiovasculares. La mayor reducción de mortalidad se observa en aquellas personas sedentarias que inician un programa de actividad física moderada. Estas personas son las que consiguen un mayor grado de reducción del riesgo de sufrir enfermedad arterial coronaria.Hay ya suficiente evidencia científica para afirmar que la realización de ejercicio físico, el control del colesterol y de la tensión arterial, así como el abandono del consumo de tabaco, reducen de forma importante la mortalidad cardiovascular, retrasan la progresión de la aterosclerosis coronaria y reducen el riesgo de nuevos eventos isquémicos.

Sabemos que el infarto de miocardio es, junto al resto de enfermedades cardiovasculares, una consecuencia de nuestro actual modo de vida y una de las enfermedades que más morbilidad y mortalidad ocasionan en nuestro entorno, siendo por tanto, un problema de gran repercusión.Afortunadamente cada vez son más las personas que sobreviven a un infarto de miocardio, y las que tras su correspondiente tratamiento y recuperación funcional, deben retomar su vida normal en la que se incluyen tareas y/o actividades diversas como la conducción; esto es, el paciente es además conductor.

Desde hace años, las directrices empleadas por los profesionales sanitarios para determinar cuando un infartado puede volver a su “vida normal”, están recogidas y tabuladas por las Sociedades Europea y Americana de Cardiología, basándose principalmente en tres parámetros:

  • El grado de discapacidad o perdida de función ventricular generada por el fallo mecánico de un corazón afectado de infarto, o lo que es lo mismo, la aparición de una insuficiencia cardiaca
  • Las complicaciones derivadas del fallo eléctrico del corazón infartado, esto es, las arritmias que pueda padecer el sujeto aun habiendo conseguido recuperar una buena función cardiaca
  • Y los efectos secundarios a los fármacos y/o dispositivos empleados en la recuperación terapéutica del paciente que ha sufrido el evento coronario

Lógicamente, en cada caso, el galeno deberá considerar todas las variables que hayan rodeado el infarto del paciente afectado, así como su situación clínica tras el mismo y su pronóstico. En general, el paciente recupera de forma progresiva todas y cada una de las actividades que realizaba, y la conducción no es una excepción.

Los pilares fundamentales para la evaluación del paciente cardiópata son el correcto diagnóstico clínico y la valoración funcional del paciente. Si tenemos en cuenta que la conducción de vehículos no supone un esfuerzo importante (el manejo de un automóvil tiene un consumo energético equivalente a caminar a paso lento o coser, y la conducción de un camión o un autobús equivale a pasear en bicicleta a 10 kilómetros por hora), la enfermedad coronaria rara vez va a limitar la conducción por su sintomatología; el problema fundamental viene dado por el riesgo de que el conductor pierda o reduzca su nivel de conciencia, algo que puede producirse de forma súbita.

La valoración de la clase funcional del paciente cardiovascular, es el mejor predictor de riesgo de arritmia. A renglón seguido describimos la Clasificación Funcional descrita por la Asociación del Corazón de Nueva York (NYHA), que es la que utiliza la normativa española para determinar la aptitud para conducir de un paciente cardiópata:

  • Clase I: pacientes sin limitación para la actividad física ordinaria, sin angina, palpitaciones, disnea o fatiga e la actividad habitual.
  • Clase II: pacientes con una ligera limitación en la actividad física, de modo que los esfuerzos habituales provocan la aparición de síntomas.
  • Clase III: pacientes con marcada limitación de la actividad física. Actividades menores de las habituales provocan la aparición de síntomas.
  • Clase IV: pacientes incapaces de realizar cualquier tipo de actividad física sin presentar síntomas, que pueden aparecer incluso en reposo.

Cardiopatía Isquémica y Legislación en Seguridad Vial:

Cuando un conductor ha padecido un infarto de miocardio, la legislación española contempla un periodo de tres meses sin conducir ya sea en el grupo 1º ó en el 2º, y en el caso del grupo 2º se prohíbe la conducción cuando ha sucedido más de un infarto. Sin embargo, el médico evaluador a la hora de emitir su dictamen, no sólo debe considerar el infarto en sí mismo, sino que debe tener muy en cuenta sus dos principales secuelas, esto es, la insuficiencia cardiaca y la angina. Así, todo paciente infartado debe ser evaluado desde el punto de vista clínico y mediante la realización de pruebas complementarias específicas.

Referencia Normativa de la Cardiopatía Isquémica

  • Conductores del grupo 1º no profesionales: En los tres primeros meses tras un infarto agudo de miocardio, no podrán obtener ni renovar el permiso de conducción. Los pacientes sometidos a cirugía de revascularización o a revascularización percutánea, podrán obtener o prorrogar el permiso tras un mes y en ausencia de sintomatología y con informe del cardiólogo, con un periodo máximo de vigencia de dos años, y posteriormente, a criterio facultativo. No se admite cardiopatía isquémica que origine clase funcional III o IV; se admite clase funcional II con informe favorable del cardiólogo.
  • Conductores del grupo 2º profesionales: En los tres primeros meses tras un infarto agudo de miocardio no podrán obtener o renovar el permiso de conducción. En caso de tener antecedentes de infarto, con prueba ergométrica negativa e informe favorable del cardiólogo, se reducirá el periodo de vigencia máximo a un año. Los pacientes sometidos a cirugía de revascularización o a revascularización percutánea, a los tres meses y en ausencia de sintomatología con ergometría negativa y con un informe favorable del cardiólogo, podrán obtener o prorrogar el permiso con un periodo máximo de vigencia de un año. En este grupo, no se admite cardiopatía isquémica que origine clase funcional II, III o IV.

Consejos para el conductor con cardiopatía isquémica

  • Los síntomas de su enfermedad (disnea, fatiga, palpitaciones, etc.) pueden afectar a su capacidad de conducir, además de que usted puede tener mayor probabilidad de arritmias y pérdidas de conocimiento. Por todo ello, es importante que siga el consejo de su médico, quién sabe valorar si usted corre peligro al volante.
  • Adapte sus hábitos de conducción a los cambios en su estado de salud. Tenga en cuenta que conducir en circunstancias adversas (malas condiciones climatológicas, densidad de tráfico elevada, etc.) le exigirá esfuerzos extras de atención y concentración.
  • Si ha sufrido un infarto de miocardio no debe conducir en los tres meses siguientes al evento coronario, y si es un conductor “profesional” no debe hacerlo sin pasar antes una prueba de esfuerzo (ergometría).
  • Si padece angina de pecho, debe poder realizar los esfuerzos de su vida habitual sin que aparezca sintomatología (dolor, palpitaciones, sensación de fatiga o falta de aire). De no ser así, no conduzca y consulte a su médico.
  • Si ha sido intervenido de una cardiopatía isquémica (bypass, dilatación coronaria o stent) no podrá conducir hasta que haya transcurrido un mes de la intervención, si su permiso es no profesional, y tres meses si posee permiso de conducir profesional. En este último caso, antes de volver a conducir debe superar una prueba de esfuerzo (ergometría).
  • Siga en todo momento las indicaciones y consejos de su médico, respecto al uso de medicamentos y sus efectos secundarios. No consuma bebidas alcohólicas si va a conducir.
  • Recuerde que cuando deba renovar su permiso de conducir, es obligatorio que lleve al Centro de Reconocimiento de Conductores, el último informe que tenga de su cardiólogo, para que el médico evaluador conozca el estado de control de su enfermedad.

 

Bibliografía:

  • Manual sobre aspectos médicos relacionados con la capacidad de conducción de vehículos (DGT-2004).
  • Patologías Médicas y Conducción de Vehículos. Guía para el Consejo Médico (DGT y varios autores – 2002).
  • R.D. 818/2009, del 8 de mayo por el que se aprueba el Reglamento General de Conductores (Anexo IV) BOE del 8 de junio de 2009.
  • Enfermedades Cardiovasculares y Conducción (Asociación Española de Enfermería en Cardiología – 2008).
  • Enfermedades Cardiovasculares (Guía de Consejo Sanitario en Seguridad Vial Laboral).