Nuestras Exposiciones Viajan

Así llegó la retrospectiva dedicada a Walker Evans a Sao Paulo, Stephen Shore a Berlín, Vanessa Winship a Las Palmas de Gran Canaria, la selección de dibujos de nuestra colección La mano con Lápiz a El salvador y Del Divisionismo al Futurismo al Mart, Museo di arte moderna e contemporanea di Trento e Rovereto, en Italia.
Una parte de nuestra programación viaja a museos e instituciones culturales en Europa, Norteamérica y Latinoamérica. Queremos llevar el arte a cualquier punto del globo. Y esperamos llegar cerca de ti.
92 exposiciones

Rafael Barradas
Zíngaras, 1917
Colecciones Fundación Mapfre
La mano con lápiz. Dibujos del sigo XX. Colecciones Fundación Mapfre
– 27
Museo San Telmo (San Sebastián, Guipuzkoa)
Modernidad. Heterogeneidad. Vanguardia.
En 1997, iniciamos una colección centrada en la obra sobre papel y el camino a la modernidad en el tránsito del siglo XIX al XX. Hoy en día, reúne más de 100 obras de autores españoles aún ligados a la tradición, como Mariano Fortuny, Joaquín Sorolla o Francisco Pradilla y Ortiz, pero ya abiertos a los cambios del nuevo siglo. Muchos de ellos conocieron de primera mano fuera de España a figuras clave como Degas, Rodin o Schiele, también presentes en la colección. Destaca la figura de Pablo Picasso, cuya presencia en París actuó como puente entre las vanguardias europeas y el arte español.
Además de dibujos de Joaquim Sunyer, Enric Casanovas, Joaquín Torres García o Francis Picabia, la exposición presta especial atención al surrealismo, con figuras fundamentales como Dalí, Miró, Luis Fernández u Óscar Domínguez.
Tras la Guerra Civil, la vanguardia dio paso a un arte melancólico y realista, como las acuarelas de Arturo Souto. Y surgen nuevas investigaciones que conducen al informalismo, representado en las obras finales de Tàpies y Chillida, cerrando una visión coherente y sensible de la historia del arte del siglo XX sobre papel.

Sakiko Nomura
Moonlit Night 015, 2023
© Sakiko Nomura courtesy of Akio Nagasawa Gallery
Sakiko Nomura
– 11
Museo de Bellas Artes de Castellón (Castellón)
Deseo. Ternura. Intuición.
La década de los años noventa en Japón fueron tiempos de internacionalización y de cambio, también en el ámbito del arte y la fotografía. En esos años, la sociedad japonesa ejercía una enorme discriminación hacia la mujer. Fue en este contexto donde surgieron nuevas artistas cuya obra fue denominada, a menudo despectivamente, como «fotografía de chicas». Una de ellas era Sakiko Nomura (Shimonoseki, prefectura de Yamaguchi, 1967).
Los protagonistas de Nomura son jóvenes y atractivos. Muestran el poder y la tensión del deseo erótico, pero, también, una gran ternura. Sus desnudos, realizados casi siempre en blanco y negro, en atmósferas nocturnas, misteriosas y llenas de sombras, con grano visible o desenfocadas, se alternan con otras imágenes de animales, naturalezas muertas, especialmente flores, vistas de ciudades, interiores de habitaciones de hotel, fenómenos atmosféricos, luces y reflejos en movimiento. Sus fotografías remiten a una fecha, a acontecimientos o personas concretas y, en general, son escenas que el espectador puede intuir, cargadas de sentidos alegóricos como lo transitorio de las cosas, la fugacidad de los instantes y, en definitiva, el transcurrir de la vida.

Paz Errázuriz
Ceguera I, 2003
Colecciones Fundación Mapfre © Paz Errázuriz
Paz Errázuriz. Colecciones Fundación Mapfre
– 25
Museo del Patrimonio Municipal (Málaga)
Autodidacta. Respeto. Resistencia.
La carrera de Paz Errázuriz (Santiago de Chile, 1944) se ha desarrollado casi siempre en Chile, a cuyo contexto político y sociológico remite continuamente su obra. Sus imágenes, fuertemente comprometidas, quieren dar voz a quienes no suelen ser escuchados, imágenes de la marginación que presentan a sus personajes desde la confianza, el respeto y la solidaridad.
De formación autodidacta, en 1981, Errázuriz fue cofundadora de la Asociación de Fotógrafos Independientes (AFI). Movida por su interés en explorar la realidad de aquellos que se encontraban al margen de la sociedad, la artista se lanzó, prácticamente sin ningún referente, a fotografiar niños, ancianos, hombres y mujeres recluidos en psiquiátricos, transexuales, prostitutas, individuos que dormían desprotegidos en la calle y ya más recientemente, nativos americanos. Errázuriz se adentra en los rincones más incómodos de la cotidianidad chilena, presentando a aquellos, que, desde el margen, marcan, aún sin un deseo explícito de crítica, distintas formas de resistencia ante las normas impuestas.
Con el paso del tiempo este interés se fue transformando en convivencia, confianza y respeto para con sus retratados.

Helen Levitt
New York, ca. 1940
© Film Documents LLC, courtesy Galerie Thomas Zander, Cologne
Helen Levitt
– 04
Kunsthall Rotterdam (Róterdam, Holanda)
Ambigüedad. Emoción. Conexión.
Helen Levitt (Nueva York, 1913-2009) fue una de las primeras mujeres en abrirse camino en el mundo de la fotografía, en particular, en la fotografía de calle. Aunque prefería no hablar sobre sus imágenes, sus fotografías logran conectar con el espectador gracias a las emociones universales que transmiten.
Su obra, marcada por la ambigüedad y la emoción contenida, ha sido reconocida por su capacidad para capturar momentos fugaces de conexión humana en entornos urbanos complejos.
En 1934 compró su primera cámara y, poco después, se unió a la New York Film and Photo League, un colectivo comprometido con el cambio social a través de la imagen. Allí conoció a Henri Cartier-Bresson, cuya influencia fue decisiva para que Levitt se dedicase a la fotografía de forma independiente.
Entre 1938 y 1942, capturó muchas de las imágenes que la consagrarían como una de las grandes fotógrafas del siglo XX. Recorrió barrios como Spanish Harlem, el Lower East Side o Brooklyn documentando la vida cotidiana en las calles, especialmente la de los niños, con una mirada sensible y sin artificios.

Sakiko Nomura
Naked time 053, 1997
©Sakiko Nomura courtesy of Akio Nagasawa Gallery
Sakiko Nomura
– 24
Centro Cultural Antiguo Instituto Jovellanos (Gijón, Asturias)
Noche. Desnudez. Desenfoque.
La fotógrafa japonesa Sakiko Nomura (1967) trabajó durante veinte años como ayudante de Nobuyoshi Araki (Tokio, 1940), uno de los fotógrafos nipones más reconocidos. A partir de 1993, la artista comenzó a exponer con frecuencia en Japón y en otros países asiáticos, así como en Europa y México. Junto a sus imágenes, los fotolibros componen una gran parte de su producción, de los que ha publicado treinta y cuatro hasta la fecha.
El primer libro de Nomura, titulado Naked Room (La habitación desnuda), publicado en 1994, presenta en la cubierta el perfil del busto de un hombre joven desnudo, desenfocado. Estas son algunas de las características que a partir de ese momento definirán su obra. Al centrarse en el cuerpo masculino, Nomura subvierte las reglas de la fotografía de desnudo, por lo general, creada por hombres, y desafía los estereotipos de toda una tradición con gran peso tanto en Occidente como en Oriente y fundamentalmente en Japón.
Atraída por la oscuridad como reverso de la luz, en las fotografías de Nomura son protagonistas la noche y las sombras, la luz tenue, lo desenfocado como si la artista pretendiera encontrar una salida, o la luz al final del viaje.

Nicholas Nixon
Bebe, Cambridge, 1980
Colecciones Fundación Mapfre
© Nicholas Nixon
Nicholas Nixon. Colecciones Fundación Mapfre
– 28
Sala Rekalde (Bilbao, Vizcaya)
Retrato. Sencillez. Emoción.
Nicholas Nixon (Detroit, Míchigan, 1947) ocupa un lugar destacado en la historia de la fotografía de las últimas décadas. Centrado sobre todo en el retrato, y con un claro interés por las posibilidades descriptivas de la cámara, su obra revela una tensión entre lo visible, el contenido, y lo invisible, los pensamientos e inquietudes que afloran en sus imágenes.
Su trabajo en series explora mundos singulares con una notable preocupación social. La lentitud, los largos periodos, la ausencia de elementos dramáticos definen su obra. Nixon emplea una técnica sencilla, casi obsoleta, pero impecable, con el uso de cámaras de gran formato que imponen la cercanía y la cooperación de los retratados para mostrar los mundos próximos en los que fija su atención: los ancianos, los enfermos, la intimidad de las parejas o la familia.
En sus fotografías encontramos un hilo conductor claro y una extraordinaria capacidad para reinventarse que nos lleva desde las frías vistas de Nueva York o Boston de los años setenta hasta la conocidísima serie de Las hermanas Brown, una de las reflexiones más certeras sobre el paso del tiempo en la historia de la fotografía.

Raimundo de Madrazo
Muchachas en la ventana, c. 1875
The Metropolitan Museum of Art, Nueva York, Catharine Lorillard Wolfe Collection, legado de Catharine Lorillard Wolfe, 1887, inv. 87.15.131.
Crédito fotográfico: © The Metropolitan Museum of Art/Art Resource/Scala, Florence
Raimundo de Madrazo
– 21
Elegancia. Tradición. Destreza.
La obra de Raimundo de Madrazo (Roma, 1841 – Versalles, 1920), considerada en su época un símbolo de elegancia, emulación del pasado y respeto por la tradición, lo situó como figura fundamental en la escena artística y en los círculos sociales más distinguidos e internacionales de finales del siglo xix y principios del xx. No obstante, con el paso del tiempo y el advenimiento de las nuevas corrientes artísticas, su producción quedó relegada en la posterior historiografía artística.
Junto con Mariano Fortuny y Eduardo Zamacois, Raimundo de Madrazo fue uno de los pintores que se especializaron en la realización de obras de pequeño formato, muy del gusto del gran público de la época. El arte pasó de ser una cuestión privada de la monarquía y la aristocracia a constituir un asunto «para todos».
La obra de Raimundo de Madrazo se encuadra dentro de la pintura del juste milieu, realizada entre 1830 y 1848, que representaba el gusto mayoritario, por lo que gozó de gran éxito comercial y de crítica durante la segunda mitad del siglo xix. Sin embargo, su decadencia fue tan fulgurante como había sido su ascenso y solo recientemente ha comenzado a gozar del reconocimiento que merece.

Graciela Iturbide
Mujer ángel, desierto de Sonora, México. 1979
Colecciones Fundación Mapfre
© Graciela Iturbide
Graciela Iturbide. Colecciones Fundación Mapfre
– 07
San Diego Museum of Art (San Diego, USA)
Mística. Social. Poética.
Graciela Iturbide (Ciudad de México, 1942) es una de las fotógrafas mexicanas más destacadas de la escena contemporánea internacional. Su obra absolutamente única, es fundamental para comprender la evolución que ha tenido la fotografía en México y en el resto de América Latina.
A caballo entre lo documental y lo poético, su singular forma de mirar integra lo vivido y lo soñado en una compleja trama de referencias históricas, sociales y culturales. Su obra se caracteriza por un continuo diálogo entre imágenes, tiempos y símbolos; en un despliegue poético donde el sueño, el ritual, la religión, el viaje y la comunidad de conjugan.
Célebre por sus retratos de los indios Seris, por su visión de las mujeres de Juchitán o por su fascinante ensayo sobre los pájaros que lleva años fotografiando, el itinerario visual de Graciela Iturbide ha recorrido, además de su México natal, países tan distintos como España, Estados Unidos, India, Italia y Madagascar.
Su talento para enmarcar lo que llama su atención puede traer consigo una visión casi mística de lo cotidiano; en otras, nos lleva al centro mismo de cuestiones cruciales de nuestra sociedad.

Edward Weston
Drift Stump (Tronco arrastrado por el mar), Crescent Beach, 1937
© Center for Creative Photography. The University of Arizona. Edward Weston Archive
Edward Weston. La materia de las formas
– 02
Estética. Formalismo. Realismo.
El fotógrafo Edward Weston (Highland Park, Illinois, 1886 – Carmel Highlands, California, 1958) fue uno de los pioneros, junto con Alfred Stieglitz o Paul Strand, en la defensa de la emancipación de la fotografía de otras disciplinas artísticas. En este sentido, su trabajo resulta imprescindible para comprender, en sus inicios, la capacidad estética y perceptiva del medio.
El dominio de la técnica lleva a Weston a un formalismo en el que el encuadre se convierte en uno de los elementos más relevantes. En este sentido, elimina cualquier aspecto anecdótico y se centra en el motivo que le interesa, y lo hace con tal realismo y con tal exaltación del carácter bidimensional de la fotografía que este termina por resultar en una imagen abstracta. De este modo, el artista muestra que la figuración y la abstracción no se eximen la una a la otra, sino que son perfectamente compatibles.
La obra de Weston, fuertemente vinculada al paisaje y a la historia cultural estadounidense permite discernir una perspectiva única en el proceso de consolidación de la fotografía como medio artístico y su relevante papel en el contexto de la modernidad en las artes visuales.