La lucha por la sonrisa de un niño

La lucha por la sonrisa de un niño La lucha por la sonrisa de un niño

Cada niño que pasa por el Centro de Barahona que la Fundación Amanecer Infantil gestiona, con el apoyo de Fundación MAPFRE, en República Dominicana, tiene una historia muy especial, compleja y también dura que choca de bruces con el aspecto inocente y en muchas ocasiones vulnerable con el que ingresa.

La provincia de Barahona, donde se encuentra el Centro de la Fundación Amanecer Infantil, es una de las zonas más deprimidas del país. Con un alto porcentaje de población haitiana inmigrante, debido a la cercanía de la frontera, la población infantil sufre altos índices de mortalidad, abandono, desnutrición, etc.

Éste último fue el caso de Feber, que con un año de vida apenas pesaba 4,5 kg. cuando llegó al Centro. Con un diagnóstico inicial de marasmo (desnutrición severa), dermatitis por contacto y parasitosis intestinal, además de una grave coyuntura familiar, la fuerza de Feber le hizo remontar no sólo esta situación original sino una grave enfermedad que le sobrevino poco tiempo después.

Tuvieron que hacerle varias pruebas en el hospital de urgencias de la región, después de que los antibióticos no pudieran remitir una fiebre muy alta, hasta que se le diagnosticó una anemia falciforme, una enfermedad hereditaria de la sangre. Tras una transfusión urgente de sangre tipo B, que fue extremadamente difícil de conseguir, Feber logró salvar la vida en circunstancias muy extremas.

Si bien al principio tuvo un pequeño retraso motor que le obligó a comenzar a caminar con la ayuda de un andador, ahora, a sus tres años, corre por los pasillos del Centro sin ninguna ayuda y cargado de razones para reír, porque es, sin duda, un luchador nato.

El caso de Aurora, que entró con siete meses, se convirtió para los profesionales del Centro en un reto personal. Proveniente de una familia con muchos problemas, sus enormes ojos se clavaban en aquel que la hablara, pero su cara no mostraba nunca ninguna expresión. Diagnosticada de un pequeño retraso inicial, y con muchas horas de trabajo en el aula de estimulación temprana, esta pequeña que tiene ya poco más de dos años comienza a mostrar ahora sus primeros signos de comunicación. Unas primeras sonrisas que para los psicólogos del Centro constituyen la mejor de las recompensas por el trabajo realizado.

Orquídea es dos años mayor que su hermana Aurora. Entró en el Centro con un cuadro de desnutrición moderada y falta de visión en un ojo, lo que unido a un cuadro de trauma psicológico agudo debido al problema familiar sufrido por ambas hermanas ha provocado que su aprendizaje sea más lento. Unas secuelas que, sin embargo, desde la Fundación Amanecer Infantil siguen luchando por combatir día a día.